lunes, 20 de septiembre de 2010

Las cosas que nos enseñan otras ciudades...


Tijuana, la otra
De los buenos ejemplos hay que aprender. Y Tijuana está dando muestras de que sí es posible transformar la imagen de una urbe teñida de violencia. Leer las líneas de Oscar Medina sobre la campaña El Verdadero Cartel de Tijuana, nos reconcilia con la posibilidad de un cambio de ciudad. ¿Qué esperamos? Aprendamos de Tijuana
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Usted dice Tijuana y de inmediato saltan balas, vicios, mafias y cuanto bicho malo pueda generar la imaginación. Esa ciudad allá tan lejos, en la violenta frontera mexicana, tan al lado del “sueño americano” pero tan pesadilla en el imaginario global, carga desde hace muchos años con la peor fama posible.
Méritos ha hecho suficientes para consagrar su leyenda negra que, se podría decir, nació alrededor del ya mítico Casino Agua Caliente, inaugurado el 23 de junio de 1928 y convertido en encumbrado aliviadero de la sed de empresarios gringos de toda ralea y, especialmente, de estrellas de Hollywood aburridas de la veda de alcohol impuesta en territorio estadounidense en aquellos años secos.
Ahí estaba Tijuana. Estaban sus cantinas, sus burdeles y estaba el Casino, adonde podían llegar en vuelos desde San Diego y Los Ángeles. Y por allí pasaron a trabajar, dicen, Rita Hayworth cuando todavía era Rita Cancino, Laurey y Hardy, Buster Keaton, y se embriagaban en el póker y la ruleta gente como los hermanos Marx, Clark Gable, Johnny Weissmuller y Bing Crosby.
Y si todo comenzó de manera tan feliz y festiva, en 1938 la orden gubernamental de cerrar los casinos mexicanos fue casi como decretar la muerte de la ciudad. Pero la II Guerra Mundial vino al “rescate”: en la vecina San Diego se instaló una de las más importantes bases navales de Estados Unidos, y esos marines ansiosos de farra impulsaron la gestación de un agitado circuito de bares en Tijuana. Y luego los matrimonios y divorcios “al vapor”, la fácil circulación de pastillas y otras yerbas de los años sesenta y así, hasta el desarrollo del narcotráfico y su abominable rastro de sangre.
Una de las tantas cosas curiosas de Tijuana, además de los burros pintados como cebras que ves en la avenida Revolución y el Disney de la prostitución que es su zona de tolerancia, es que la gente se enfrasca a hablarte de las cosas más siniestras que suceden en la ciudad y se regodean en su leyenda negra. Y al final, te dicen: “Pero no escribas cosas malas de Tijuana. Los periodistas sólo escriben sobre lo negativo”.
Lo que uno no sabe de este rincón tan particular de Baja California es que también existe un Comité de Imagen de Tijuana en el que confluyen la iniciativa privada y el Estado no para negar la realidad, sino para tratar de exaltar y reforzar otros valores de la ciudad y emprender una suerte de cruzada —que ya se manifestaba de manera espontánea-, en la cual la cultura y el arte en general se convierten en la respuesta social ante la violencia.
En la práctica, esta aspiración se traduce en el apoyo al arte, en la organización y promoción de eventos culturales, en el trabajo con los niños y jóvenes; en la proyección económica de la región y en la exaltación de valores ciudadanos como las personalidades del Paseo de la Fama de Tijuana, compuesto por más de un centenar de tijuanenses destacados en diferentes actividades. Y todo pensando en grande.
Una de las más recientes campañas en este sentido es El verdadero cartel de Tijuana, un póster que también circula en forma de aviso en la prensa mexicana y que reúne fotos de los personajes que conforman el Paseo. Entre ellos, se cuentan deportistas, empresarios, profesionales de la medicina, artistas plásticos, actores, directores de orquesta, gente de las artes, de los medios, escritores, intelectuales, académicos y músicos como la muy famosa Julieta Venegas (algunos de ellos participan en el documental Imaginando a Tijuana, del realizador Isaac Artenstein).
Resulta interesante esta iniciativa como ejemplo de lo que se puede hacer, como idea a seguir para sociedades acosadas por la delincuencia y el crimen: el talento contra la barbarie, el arte contra la bala.
No es cosa de un día, tiene que ser esfuerzo constante: pero se puede, claro que sí.
Oscar Medina
Texto escrito para la revista Sala de Espera

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