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miércoles, 18 de enero de 2012

Las cosas que descubro en esta ciudad...

Caracas y sus héroes anónimos




Si 8 millones de historias tiene la ciudad de Nueva York, como dice el gran Rubén Blades en su canción Pedro Navajas, Caracas no se queda atrás… 6 millones de personajes le dan vida a esta ciudad. Cada quien a su estilo. Uno con más elocuencia que otros. Pero cada uno de ellos –y me incluyo, por supuesto- hacen de Caracas, la ciudad que es hoy
Es la señora del kiosco, que pregunta cómo está la familia. El joven de la panadería, que le recuerda los resultados del béisbol. El señor de la bomba de gasolina, que aprovecha su estancia para venderle lotería. El ascensorista que siempre broma sobre “los eternos rivales”. El “bien cuidao” que no pierde oportunidad para pedirle “pal’ café”. O la recepcionista, que por exceso de confianza, la llama “mi amor” o “mamita, sin siquiera conocernos.
Pero dentro de esa masa de gente también hay quienes han decido dejar huellas y no ser sólo parte de la cotidianidad. Gente común y corriente que, sin pretender ser héroes, han decidido romper un poco las cercas del egoísmo y dedicarle un poco de su vida a los demás. Descubrirlos forma parte de esas cosas maravillosa de ser periodista. Y darlos a conocer se ha vuelto nuestra obligación, para que otros se sumen a su causa o decidan crear una propia. 
Soledad Ramírez es una de esas personas. Una mujer que decidió darle una mano a los pequeños de Baruta para que sean mejores en el futuro, superando sus carencias. Esa fue su manera de contribuir con esta ciudad, con este país. Y para reconocer su labor, el fotógrafo Federico Parra y esta servidora realizamos este trabajo multimedia para la Cadena Capriles que quiero compartir con ustedes. Pues estas historias son las que nos hacen pensar ¿Qué hago yo por esta ciudad?...
Allí se los dejo.


Mirelis Morales Tovar
@mi_mo_to
P.D. Si quieren compartir conmigo la historia de otra persona, adelante! :D

jueves, 2 de diciembre de 2010

Las cosas que otros escriben de esta ciudad...



***
Conocí un personaje maravilloso de esta ciudad gracias al trabajo periodístico de mi amigo Jonathan Gutiérrez. Y no quería dejar de compartirlo con ustedes. Se trata de Arthur Kahn. Un perfecto desconocido, si nos remitimos sólo a su nombre. Pero si miramos más allá, veremos que el genio de este hombre centenario modeló parte de la arquitectura de Caracas. Aquí un abreboca de su perfil publicado en la revista Todo en Domingo. Espero que se enamoren de su historia tanto como yo...

Los 100 años del último moderno
En un sillón de cuero está sentado Arthur Kahn. Está cumpliendo 100 años. Es arquitecto, tal vez uno de los más importantes del sigo XX en Venezuela. Sin embargo, muy pocos conocen su trabajo. Arthur Khan diseñó el Pasaje Zingg, el emblemático Edificio Altamira de la Plaza Francia, el del Instituto Anatomo-Patológico del conjunto de la Ciudad Universitaria de la UCV, el célebre Hotel Nacional. También la primera etapa del IVIC (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas), el edificio BECO-Blohm de la esquina de Puente Yánez, la Torre Aco de Las Mercedes, entre otros íconos de Caracas. A pesar de una obra tan relevante, son casi inexistentes los registros de su trabajo en los libros de histpria de la arquitectura en Venezuela. Todavía hay quienes se preguntan quién es Arthur Kahn.
Jonathan Gutiérrez
Fotos: Efrén Hernández
Texto escrito para la Revista Todo en Domingo
Versión completa http://www.el-nacional.com/

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Las cosas que otros escriben de esta ciudad...



"El Chuky criollo"

Comparto con ustedes otro fragmento del texto de mi amiga Valentina Ruiz, porque me parece fascinante que conozcamos la historia de los personajes de la ciudad. Esos que están allí siempre y que a veces ni vemos. O que simplemente desconocemos su historia. Me encanta saber de "El Chuky Criollo", porque varias veces lo he visto circular por la ciudad y lo que despierta en mí es miedo (jeje). Por Dios, por qué anda por Caracas con esas cabezas de muñecas guindado. Aquí se enterará... Conozca a Jesús Alexis Poleo

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En las calles de la capital, su 350 abarrotado de muñecas, en trozos y enteras, se ha convertido en una celebridad o, cuando menos, en una curiosidad. Muchos lo asocian con brujería, otros con demencia y algunos más con ganas de asustar. No obstante, él alega que lo suyo es simplemente “por vacilar”. “Por Internet hasta afirman que las puse porque se me murió una hija, ¿cómo van a escribir eso? Yo lo hago porque me distrae, me río, me libera del estrés y hasta de las alcabalas porque yo paso y me gritan: ‘¡ahí va el camión de Chucky!’ o ‘el diabólico’, ‘muñequero’ o ‘cabecero’, ¿y yo? ¡Fino! Total, ya tengo 60 años y ésta es mi oportunidad de vivir más relajado”, asesta.
Descendiente de españoles, se declara creyente en Dios y sin vicios de ningún tipo, y aprovecha para repudiar los robos que le han hecho “para usar los juguetes en asuntos malos”. Hasta choques ha tenido, por huirle a quienes lo han perseguido a la caza de una mano o un tronco de plástico y aunque los hurtos se han incrementado, a su alrededor reinan, en general, la chanza y la buena vibra. “Esto me trae hasta publicidad porque yo le presto servicio, desde hace 18 años, a la empresa de hierro Muentes Otero y los clientes piden que sea yo quien les haga los traslados; es más, si hubiese sabido que esto iba a ser así, las hubiese guindado antes”, asevera a carcajadas.
Y es que todo comenzó, hace poco más de un lustro, como consecuencia de su trabajo, puesto que en ocasiones debía transportar carga pesada por caminos estrechos y como su furgón tiene dos tubos verticales en el parachoques, decidió colocarles las cabezas de unas muñecas para tener una guía más precisa de la distancia que separaba el carro de los muros o las esquinas.
La cuestión se le hizo “graciosa” y buscó más y más para volverse original, al punto de que ya tiene unas 172 y cada semana recibe donaciones: “Me las zumban atrás y yo las voy amarrando ahí mismo. Estén rotas o completas, igualito las pongo. Tú las ves negritas y es por la contaminación, aparte de que me las queman”.
Barbies, Popeye, Bart Simpson, Topo Gigio, Bebés Queridos y hasta tres acompañantes gigantes que se sientan a su lado, integran su inventario. “Como yo no llevo pasajeros, porque ni a mi esposa ni a mis hijos les gusta montarse, las coloqué a ellas y si alguien viene, las saco; tampoco es que les tengo nombres ni nada”. ¿Otra de sus reglas? No incluir peluches porque ésos los coloca en el árbol del que cuelga un centenar de monigotes, en una famosa redoma del 23 de enero cercana a su casa.

Texto: Valentina Ruiz (Revista Dominical)

Versión completa:http://dominical.ultimasnoticias.com.ve/Noticias/Actualidad/Si-me-lo-creo,-lo-soy.aspx

Audiogalería realizada por el fotógrafo Nilo Jiménez con la entrevista a Jesús Alexis Poleo: http://bit.ly/cNPZlF

jueves, 2 de septiembre de 2010

Las cosas que otros escriben de esta ciudad...



El hombre del Hula Hula
Quise compartir con ustedes este texto de mi amiga Valentina Ruiz, porque me parece fascinante que conozcamos la historia de los personajes de la ciudad. Esos que están allí siempre y que a veces ni vemos. Me encanta saber del hombre del Hula Hula, porque por más de cuatro años lo vi y nunca supe por qué se dedicaba a jugar con ese aro. Lo hace con tanto esmero y dedicación que es digno de admirar. Aquellos que no lo han visto, los invito a pasar una tarde por la Plaza La Candelaria. Allí estará para ustedes José Bestilleiro.
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De La Coruña se vino hace 50 años y su acento se mantiene intacto. Aquí conoció a su paisana, Rosa Araujo, de quien le quedó el placer por la ropa bien planchada. Hace siete años, ella se despidió y, “para olvidar”, él arrancó a “brincar la cuerda y el hula” en la plaza La Candelaria, también porque en esa época y por motivos de salud debió abandonar la bomba donde era surtidor de gasolina.
Desde entonces baja cada tarde de su apartamento, ubicado a un par de cuadras de su centro de operaciones, y desde las 4:00 p.m. hasta las 7:00 p.m. se dedica a divertir a los demás. Sus primeros pasos los dio saltando la soga de arriba para abajo en las escaleras de la glorieta, sin embargo, las travesuras de algunos niños lo hicieron cambiar de lugar: “Me quitaban mis cosas, por eso me mudé para este murito en la isla, diagonal a la esquina de Canalito”, especifica, haciendo énfasis en el hecho de que está sobre un redondel de concreto.
“Me ven más y los muchachos no me molestan, es muy bonito porque a la gente le agrada observar, en la mitad de la avenida, a un anciano de 76 años que juega chévere. Últimamente me quedé sólo con el aro y le doy con el pie, con el brazo, con la rodilla, con el cuello”, apunta.
Y no miente. Apenas el semáforo se fija en verde, el señor se encarama su circunferencia, abre las piernas y los brazos para apoyar con fuerza y le da vueltas, por ejemplo, con el codo. Antes de que llegue la luz roja, deja que la rueda siga girando por sí sola y cuando los peatones se acercan, se la saca, la aguanta a un ladito del cuerpo y, después de un minuto, vuelve a empezar.
Su función es, según sus propias palabras, hacer la cola más ligera y amena, a la par que contribuye con el pesado tráfico de la urbe. “Yo he evitado bastantes accidentes, porque a lo mejor viene una moto entre los autobuses y las personas están cruzando y yo les aviso para que no las vayan a atropellar”.
Texto: Valentina Ruiz (Revista Dominical)