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miércoles, 23 de febrero de 2011

Las cosas que reflexiono en otra ciudad...


La esperanza que no se quiere perder...
Siento envidia. Nada más escuchar cómo hablan los peruanos y los brasileros de sus países -por no ir más lejos- me hace sentir envidia. Y cómo no. Nunca he oído hablar así a ningún venezolano de nuestro país. Y menos de Caracas.
Me da la impresión de que nos hemos vuelto los mejores saboteadores del turismo. Claro, que estoy consciente de que no vivimos en Suiza y de que no gozamos de las bondades del primer mundo. Pero tenemos cosas buenas -quizás pocas, es verdad-, pero las tenemos. Y curiosamente quienes las alaban, no son los venezolanos, sino los extranjeros.
Los mejores comentarios se los he escuchado a gente que no nació en Venezuela, pero que recibió el calor de esta tierra y se muestra agradecida por ello. Los peores, los he escuchado de los venezolanos que viven en el exterior. "Ese país de mierda". Así, con el adjetivo demostrativo "ese", como si nunca hubiesen vivido aquí, como si por sus venas no corriera sangre venezolana, como si sus padres, hermanos, amigos o familiares no fuesen venezolanos.
Se les perdona porque fueron sinceros consigo mismo y decidieron partir de un país que no sienten como suyo. Lástima, claro. Pero, al menos, no están en Venezuela despotricando, ansiosos de irse a cualquier lugar, a hacer cualquier cosa, sin considerar que ellos podrían ser parte de la solución. Contrario a lo que pasa con los que "sobreviven" en Venezuela, quienes carecen de un pasaporte europeo o una green card para huir, de dinero para tomar un avión a cualquier destino o del coraje para arriesgarlo todo. Y que, en consecuencia, tienen que sufrir la inseguridad, la incertidumbre, la zozobra, el alto costo de la vida y pare usted de contar.
Yo estoy allí en ese grupo. Y ahora que me he tomado un paréntesis de seis meses en Madrid para estudiar, me sorprende cuántas veces me han preguntado: "¿Te vas a quedar aquí?" "¿Cómo sigues en Venezuela?", "De verdad, te admiro". Vaya, ha sido duro escuchar eso. Me hacen sentir como super héroe por vivir en Venezuela o como una estúpida por no habeme ido, no sé. Les cuesta creer que todavía tengo una esperanza. Y a mí también, lo confieso. Pero quiero darle una última oportunidad. No a Venezuela. Ella es maravillosa. Sino a nosotros, a los venezolanos. Una oportunidad de que podamos madurar, de que podamos reconciliarnos, de que podemos actuar por el bien común, de que podamos ser constructores de un mejor país.
Otras naciones lo han logrado. ¿Por qué nosotros no?
Mirelis Morales Tovar
@mi_mo_to
Pd: Aprovecho para dejarles una oración que escribió el famoso chef peruano, Gastón Acurio. Se las quiero dejar para que hagamos una versión venezolana y al final digamos "Amén".

martes, 3 de agosto de 2010

Las cosas que reflexiono en esta ciudad...




Incultos ciudadanos
Algo nos quieren decir en Chacao. Hace unas semanas, el municipio comenzó a empapelarse con palabras que no parecen estar aisladas. Respeto. Tolerancia. Paz. Se ven en las varandas de la Avenida Francisco de Miranda. Se leen en la cuenta institucional de Twitter y ahora se ven en la televisión. Algo nos quieren decir.
Sólo cabe entender que a través de esta campaña buscan recordarnos valores. Así, como si fuéramos niños de primaria. P+A+Z= PAZ Y eso tendría que hacernos pensar por qué Chacao viene a enseñarnos cosas que deberían estar internalizadas, que debería ser algo nato o al menos aprendido a temprana edad. ¿Por qué a estas alturas vienen a enseñarnos qué es respeto, tolerancia o paz? ¿No estamos grande para la gracia?
Parece que no. Lastimosamente en esta ciudad -para no ir más lejos- se nos olvidó hasta los buenos modales. Y si no se nos olvidó, por lo menos no lo practicamos. Cuándo fue la última vez que dimos las gracias, por ejemplo. Cuándo fue la última vez dijimos por favor o pedimos permiso. Cuándo fue la última vez que cedimos el puesto, le aguantamos la puerta a alguien o advertimos al mesero que nos dio de más en el vuelto.
Algunos puede que haya sido hoy o ayer. Pero otros no. De seguro, recordamos la última vez que evitamos darle paso a alguien en una cola, cuando insultamos a un peatón o cuando le gritamos a una vendedora sin justificación alguna.
¡En qué clase de MONSTRUO nos hemos convertido! No nos reconocemos ni a nosotros mismos. Somos violentos. Somos groseros. Somos intolerantes. Somos irrespetuosos. Somos oportunistas. Somos desconfiados. Eso somos los caraqueños. Por eso, pienso que esta campaña de CULTURA CIUDADANA nos cae de maravilla.
Es momento de evaluarnos. De pensar cómo estamos actuando como ciudadanos. Qué estamos haciendo para mejorar el entorno. Y cuestionarnos si realmente somos promotores de RESPETO, de TOLERANCIA y de PAZ.
Como diría el Papa Juan Pablo II: despierta, reacciona, es el momento.

Mirelis Morales Tovar
@mi_mo_to

lunes, 21 de junio de 2010

Las cosas que reflexiono en esta ciudad...



Enfermos de odio...


¿Quiénes somos? ¿En qué nos hemos convertido? No creo que seamos el pueblo más feliz del mundo como una vez escuché decir. Tampoco creo que sigamos siendo el país de la gente acogedora, hospitalaria que llegamos a ser. Veo mil veces estas imágenes y no me queda más que pensar que somos un pueblo enfermo, enfermo de odio, de rabia, de resentimiento, de intolerancia. Y con razón, que es lo más triste. 
De verdad que mi intención no es criticar la actitud de los ahorristas. La entiendo, la comprendo y me solidarizo, porque en este país siempre pagan los más pendejos. Pero también creo que responder con la misma violencia que tanto criticamos, es caer en el juego. ¿No se actúa igual que Lina Ron cuando se insulta, se atropella, se maltrata y se humilla a otra persona? ¿No caemos en lo mismo?
“¿Cómo respondemos entonces?”, me interrogó un amigo, que piensa que está bueno de dejarnos jod… “Le seguimos haciendo el juego, mientras expropian lo que queda. Y cuándo se metan en tu casa?”, insistió. ¿Entonces qué?, me pregunto yo. Nos vamos a las armas. Nos matamos todos porque definitivamente no podemos vivir en el mismo país. 
Pensar que este país se va a resolver eliminando a los chavistas de un plomazo es un error. Y grave. Aunque suene utópico hay que aprender a convivir y a conciliar nuestras diferencias, pues en esta tierra de gracia todos tenemos espacio. Y esa es la enseñanza que te deja la película Invictus. Mandela no llegó al poder eliminando los símbolos de los blancos, como esperaba que lo hiciera la población negra. Él congregó a todo el pueblo en torno a una identidad de país. ¿Por qué nosotros no podemos hacer lo mismo? ¿Por qué nos resulta tan difícil?

Mirelis Morales Tovar
@mi_mo_to

martes, 27 de abril de 2010

Las cosas que reflexiono en esta ciudad...



Caracas de amor y de odio

La amamos, pero la odiamos. La maldecimos, pero la añoramos. La halagamos, pero la maltratamos… Es una relación enfermiza la que existe entre Caracas y su gente. Incomprensible, Incoherente. Pero así vivimos aquí. En medio de un juego perenne de lados contrarios: Amor y odio. Calma y miedo. Alegría y tristeza. Viejo y nuevo. Belleza y fealdad. Trabajo y ocio. Apego y desarraigo.
“Hay una relación de amor-odio hacia esta ciudad”, comentó Rubén Monasterios, autor del libro la Caraqueñidad, en un conversatorio en la II Feria de la Lectura que se realiza en la Plaza Francia de Altamira. “Existe una relación parecida a la que se tiene con una mujer mala, que te maltrata y con la que siempre vuelves (…) No sé, pero es casi imposible dejar de amar a esta ciudad”.
Es ese verdor, que no puedes disfrutar en otras ciudades. Son sus edificios de épocas pasadas. Es su gente, siempre tan conversadora. Es el triar de los pájaros en la mañana. Es el Ávila y el espectáculo que nos brinda. Pero es su tráfico; infernal y desesperante. Su inseguridad, temeraria y desafiante. Sus servicios deficientes, sus malos tratos, su indigencia, la poca calidad de sus espacios públicos y otras tantas cosas más.
“Pero a pesar de todo… Caracas es bella. Es una hermosa ciudad”, afirmó Monasterios. Y otras voces lo secundan: “Amo a Caracas. La amo. Y hay amores que matan”, afirmó @carledonia. “Como dice @atiksonlabanda: ciudad infame, déjame vivir en paz. Cada día muere uno más”, acotó. “Yo la amo, pero me hace llorar”, agrega @valentinalares. “Es posible dejar de amarla, pero uno es necio, terco y fiel”, añade @briaguayanesa.
¿Qué me seduce de esta ciudad? Su nobleza, porque a pesar del abandono siempre muestra lo mejor de sí. Su gente, pues aún consigues personas que son capaces de contarte su vida, sin siquiera conocerte. Y eso me encanta. La capacidad de reír del caraqueño, la afinidad que crea con el otro a través del béisbol, su gusto por la música, su capacidad de aventurarse, el placer que siente por la buena comida, lo receptivos que somos con el extranjero. Por decir algo.
¿Qué no me gusta? Muchas cosas. Pero sobre todo, la violencia. El uso ofensivo de la palabra, el irrespeto hacia el otro, las acciones malintencionadas, el descaro, la viveza. Defectos que no son inherentes de la ciudad, sino de unos cuantos que se hacen llamar ciudadanos. Por eso, todavía le tengo fe a Caracas. Por eso, apuesto por ella. Por eso, la amo y la defiendo. Y espero que sea así siempre, a pesar de todo…


¿Y usted, qué siente por Caracas?

Mirelis Morales Tovar/ @mi_mo_to

Foto:http://pedrodomingo.blogdiario.com/img/CaracasVistaGeneral.jpg

miércoles, 14 de abril de 2010

Las cosas que reflexiono en esta ciudad...




Periodista en tiempos de crisis...
Soy periodista. Así me presento ante ustedes y ante todo quien me conoce. Mi profesión me pertenece, no importa dónde la ejerza. Y eso lo entiende quien está convencido de que el periodismo es un estilo de vida. Quien sabe que se nace periodista y se muere periodista. Pues por más que te alejes de los medios, nadie te puedo quitar la curiosidad, el afán de quererlo saber todo, el gusto por las buenas noticias, la indignación por las malas, la adrenalina que activa la primicia, el mal sabor que deja el “tubazo”, la ética por la verdad, el respeto hacia el lector y la profunda convicción de ser un servidor público.
Por eso, los periodistas –de corazón y de convicción- estamos condenados. Esta enfermedad no tiene cura. No hay remedio posible para liberarnos de este “mal”. Así que algunos hemos aprendido a vivir con ella u otros a morir por ella. Cada quien la defiende desde su trinchera. Y eso es lo único que me permite entender por qué la profesión se eleva ante cualquier adversidad y se reinventa ante nuevos escenarios. Tal como está pasando precisamente ahora, cuando estamos reinventándonos, replanteándonos, cuestionándonos...
Así que hoy me presento como periodista, periodista en tiempos de crisis. Pero periodista al fin. Que está conciente de la necesidad que tiene la gente de estar informada y que reconoce la potencialidad que tienen los medios alternativos para llegar a algunos de ellos. Por esa razón, estoy convencida que es allí donde debemos apalancarnos para seguir informando, comentando, pero sobre todo sirviendo a la gente. Y si bien no pretendo hacer de este blog un medio, al menos si un panfleto para llegarle a quien quiera leerlo.
Mirelis Morales Tovar
@mi_mo_to
Ilustración tomada de Internet.

jueves, 25 de marzo de 2010

Las cosas que reflexiono en esta ciudad...



Mientras duermes…
Sé que no tienes conciencia de lo que te está pasando… Debes estar algo así como en estado de coma, pues no creo que hayas soportado despierta tanto dolor. Pero dentro de ese letargo en el que creo que estás sumida estoy segura de que puedes escucharme o al menos eso es lo que quiero pensar para no sentir de que has muerto.
Han sido días muy dolorosos para nosotros. Verte durante más de cuatro días consumirte en llamas sin poder hacer nada, ha sido muy fuerte para quienes reconfortas todas las mañana con tu imagen. Esas primeras columnas de humo que salieron de tus entrañas nos sacaron palabras de dolor: “El Ávila se quema, Caracas huele a tristeza”, dijo mi amigo Douglas.
Así como él, muchos han sido los comentarios de pesar que han salido de boca de tus coterráneos. ¿Y sabes qué? Yo los he ido anotando en una agenda para que cuando despiertes –porque de ésta vas a salir airosa- puedas leer las cosas tan hermosas que la gente te ha dedicado. Sé que eso te reconfortará el alma e irá sanando poco a poco tus heridas.
“Qué olor a quemado, a frustración, a dolor por nuestro Ávila. Dios, un poco de lluvia, pero pronto”, te escribió Carlos Fraga. “Caracas sin El Ávila. Vuelve pronto, por favor”, dijo otra persona. "Dolor en el pecho. Ese cerro sufre y nosotros también", te mandó a decir @maitwitter. “Qué tristeza e impotencia ver cómo se quema El Ávila”, fueron las líneas de Geralí. “Entristecen las cicatrices negras del Ávila”, te dejó dicho Giulina. “Ver las fotos del Ávila ardiendo apurruñan el corazón”, comentó Briamel, desde España.
Hasta el maestro Zapata quiso escribirte unas líneas en tu honor para aliviar tu dolor: “El que se quemó fue el Waraira Repano. El Ávila sigue siendo bello”... Y hay más, pero tampoco quiero molestarte demasiado. Sólo quería que supieras que estamos atentos de tu estado. Que rogamos todos los días a Dios para que llueva pronto y así te "refresques", para que vuelvan tus hermosos colores, para que recobres vida, para que ilumines Caracas. Pues esta ciudad sin ti no es nadie...

Mirelis Morales Tovar
Foto: Cortesía de @curiosa

viernes, 19 de febrero de 2010

Las cosas que reflexiono en esta ciudad...




¿Pa' santo yo?
Siento que soy una mala conducta. La oveja negra, pues. Esa que CASTIGAN por todo. Que le quitan la tele, si no hizo la tarea. Que la dejan sin cenar, porque respondió mal. Que no la dejan ir a la fiesta, porque raspó una materia. Así. Una niña mala. Mala, mala, de verdad.
Póngase a ver. No puedo bañarme más de la cuenta porque me castigan. No puedo dormir con el ventilador encendido, porque la gracia me sale caro. No puedo viajar sin permiso, porque si lo hago Papá Cadivi me negara los dólares. No puedo salir después de las 10 de la noche, porque de las 12 en adelante no habrá nadie que vele por mí.
No puedo hablar más de la cuenta porque buscarán la manera de censurarme. No puedo criticar a mis oponentes abiertamente, porque me insultan. No puedo comprar lo que quiera, porque o escasea o lo subieron. Literalmente, no puedo hacer NADA. Y si lo hago, me debo atener a las consecuencias /&%$#)"!
¿Entonces, qué? ¿soy o no una mala conducta? Claro que sí. Pero no me sentiría mal si supiera que no soy la única que le dieron una citación por derrochadora de energía o de agua, sino que detrás de mí estuviese también castigado el inepto que no previo esta crisis eléctrica, el irresponsable que no ejecutó los planes preventivos, el corrupto que se gozó la plata que debía invertirse y el soberbio que no es capaz de reconocer sus errores.
Pero no. En la fila de castigados, estoy yo y un centenar de pendejos más que estamos asumiendo las culpas ajenas. No sé hasta cuándo tendremos que pagar las ineptitudes de los demás. Suficiente tengo con asumir mis errores para tener que llevar a cuestas los de los demás. Pa' Santo yo, NO. NO y NO.
Mirelis Morales Tovar
Ilustración: Rayma. Publicada en El Universal.

jueves, 11 de febrero de 2010

Las cosas que reflexiono en esta ciudad...

A mis pan@s periodistas
Mi pana @carlaangola me hizo reflexionar anoche con aquello de que “la noticia de la renuncia de Alberto Federico Ravell no nos pertenecía”. Esa afirmación abrió un debate entre los periodistas que me encantó: ¿A quién le pertenece la noticia? Al lector, al periodista, al dueño del medio… De pana, me pareció fabuloso que ella nos llevara a pensar sobre ese dilema. Y entre tantas divagaciones, me puso a rescatar las cosas maravillosas que he aprendido de algunos panas periodistas y que intento poner en práctica todos los días. Para ellos va este texto. Y ojalá también sirva a otros para reflexionar.

* Los verdaderos periodistas son los que no hacen alardes de lo que saben, sino de lo que han aprendido. (Y eso lo aprendí de mis panas Andrés Rojas Jiménez, David González y Javier Pereira).

*Los verdaderos periodistas son los que se esfuerzan tanto en estudiar su fuente, que se vuelven especialistas en el área. (Y eso lo aprendí del maestro José Suárez Nuñez y de Eugenio Martínez)

*Los verdaderos periodistas son los que entienden que son un servidor público y no una "estrellita". (Y eso lo aprendí de mi pana Hercilia Garnica).

*Los verdaderos periodistas son los que entienden que en cada párrafo debe ir una idea y en cada línea un dato. (Y eso lo aprendí de mi pana Yelitza Linares, quien lo aprendió a su vez de Tomás Eloy Martínez)

*Los verdaderos periodistas son los que conocen tanto la fuente que son capaces de adelantarse a los acontecimientos y no que les caiga de sorpresa. (Y eso lo aprendí de mi pana Telmo Almada)

*Los verdaderos periodistas son los que patean calle y no los que prefieren reportear por teléfono. (Y eso lo aprendí del maestro José Suárez Núñez)

*Los verdaderos periodistas son los que no se conforman con una fuente, sino que siempre quieren obtener las dos caras de la moneda. (Y eso lo aprendí de más de un pana por allí)

*Los verdaderos periodistas son los que se preocupan por la perfección como un gesto de respeto a sus lectores. (Y eso lo aprendí de mi pana Joseph P).

*Los verdaderos periodistas son los que trabajan con cabeza fría, como una manera de no caer en pasiones. (Y eso lo aprendí de mi pana Jessica Morales)


*Los verdaderos periodistas son aquellos profesionales incansables, que ven una noticia hasta en las cosas más cotidianas. (Y eso lo aprendí de mi pana La Churry).


Puede que algún periodista difiera de mi visión. Eso es sano. Yo sólo les digo que soy un aprendiz. Y creo que de eso también se trata esta profesión, de aprender todos los días con humildad.

Mirelis Morales Tovar

lunes, 8 de febrero de 2010

Las cosas que reflexiono en esta ciudad...



Mi país monotemático

Vivo en un país monotemático y confieso que estoy saturada de ello. Claro, cómo no estarlo si llevamos 11 años de nuestra vida hablando de ÉL. Si sacamos la cuenta eso sería algo así como 4.015 días y al menos 96.360 horas hablando de lo mismo. Por Dios!!!
Su nombre sale a relucir como tema obligatorio en cualquier reunión que uno vaya; su existencia se le maldice un día si y el otro también; se le escucha hablar en cadena hasta en las madrugadas y su imagen invade hasta los sueños. Es omnipresente!!
No hay un día que no escuche comentarios aislados en el metro, en el supermercado, en el vecindario, en el trabajo... Ya hay frases que se repiten cual letanía y que se incorporaron a nuestra conversa diaria: "Todo está carísimo", es un clásico. "Aquí ya no se puede salir", otra habitual. "Cuidado cuando salgas" "si te roban, dale todo", entre tantas.
Ya ni siquiera el Facebook sirve para aislarse, pues entre los nick catárticos, los grupos en contra de Chávez o los momentos críticos de las cadenas replicadas en el muro, la red social se volvió en una versión digital de lo que escucho a diario.
El twitter ni hablar. Cada palabra, cada acto, cada seña, cada pensamiento de ÉL está reflejado allí y retuiteado mil veces para que lo recuerdes, lo requeterecuerdes y así estés constantemente amarrado a la realidad
Sé que como periodista no puedo darme el gusto de desconectarme. ¡Pero cuánta falta hace! Hoy me encantaría estar preocupada por el calentamiento global, por la matanza de delfines, por los hermanos de Haití, por la nevada de Washington. De cualquier vaina que no sea este señor.
Estoy harta de que mi vida gire en torno a Él. Si me da los dólares, si me regula los precios, si me quita la radio, si me cierra el periódico, si me nacionaliza la electricidad, si me interviene mi banco, si me expropia el apartamento, si me controla el acceso a la información.
La vida aquí es agobiante. Pero cuán asfixiante se vuelve cuando todo te lo recuerda...Y qué frustrante se siente saber que mientras nosotros seguimos hablando de Él, la vida transcurre en otras partes del mundo... ¿O me equivoco?
Mirelis Morales Tovar
Ilustración: Rayma

lunes, 1 de febrero de 2010

Las cosas que me hace reflexionar esta ciudad...


Oposición = Chavismo (¿o peor?)

Calma, con esta afirmación no quiero insultar a nadie, sino hacer un comentario en voz alta que me tiene un poco preocupada. He notado, sobre todo en estos días tan convulsionados, que nos estamos comportando –y en esta acusación me incluyo- igual o peor que los chavistas (sin caer en lo peyorativo). Así es, de un tiempo para acá hablamos el mismo LENGUAJE DE ODIO, nos referimos al otro con DESPRECIO, auguramos que les ocurra una DESGRACIA, nos alegramos con sus TRAGEDIAS y ante cualquier cosa que ocurra siempre tenemos un CULPABLE: el Gobierno.

Sé que estamos saturados, obstinados, cansados, agobiados y cualquier otro adjetivo que termine en “ados”. Pero cómo podemos restablecer LA HERMANDAD, LA UNIDAD y LA PAZ si seguimos refiriéndonos al otro como “maldito chavista de mier ·&(%·”$!” , “ese marginal muerto de hambre”, “ese desgraciado hijo de pu&$%·”, entre otros adjetivos que no puedo decir en presencia de mi mamá.

Lo mismo pasó con la incursión de los chavistas (de nuevo, sin caer en lo peyorativo) a Twitter. Entiendo que no está bien que usurpen identidades o que tergiversen las palabras al momento de “retuitear”. Pero no estoy de acuerdo con la cacería de brujas que se quería instaurar para que la gente bloqueara a sus contactos oficialistas y liberar así a la red social de “la escoria humana”. Por Dios, pero si la DEMOCRACIA promueve precisamente el debate, la confrontación de ideas, el consenso, la aceptación de las diferencias. ¿O me equivoco?

En fin, lo que pienso y lo que me preocupa es que nuestras acciones –y omisiones- NO están promoviendo ni la IGUALDAD ni la TOLERANCIA ni la INCLUSIÓN ni el DIÁLOGO ni el TACTO SOCIAL. Siento que nos hemos contagiado de mismo RESENTIMIENTO, del ODIO, de la RABIA, de la INTOLERANCIA, de la EXCLUSIÓN que dio paso al chavismo. Y frente a ese escenario no veo ninguna salida, a menos que alguno decida cambiar.


Mirelis Morales Tovar

Foto: tomada de www.urru.org

sábado, 23 de enero de 2010

Las cosas que me hacen reflexionar esta ciudad...



No creo en las marchas!!


No me juzquen por lo que voy a escribir, pero debo confesar que no creo en las marchas. Ojo, y con esto no quiero denigrar o desmerecer el esfuerzo de quienes si acuden, porque consideran que es la manera de drenar tanto malestar. No tendría moral, pues yo también he ido a una que otra.
¿Por qué no creo en las marchas? Porque siento que llevamos 11 años haciéndolo y no hemos logrado nada.
Ciertamente estoy convencida de que hay que reclamar nuestros derechos antes de caer en la apatía o el conformismo. Y que tenemos que protestar por los abusos de poder. De ello estoy 100% convencida. Sin embargo, considero que aparte de las marchas también deberíamos prácticar otras cosas en las que sí creo.
Creo en la capacidad de trabajo del ciudadano, que no se conforma con la mediocridad y que se esfuerza día a día por ser mejor para sí mismo, para su familia y para su país.
Creo en la amabilidad del ciudadano, que da los buenos días al montarse en un ascensor y que da las gracias cuando lo atiende un mesonero, pues ello es una manera de contrarrestar la violencia.
Creo en la honradez del ciudadano, que es capaz de notificar cuando le cobran de menos en una cuenta o que está en contra de los negocios sucios.
Creo en el respeto que debemos tener por el otro, que nos hace incapaz de atentar contra la vida de una persona o de generarle perjuicio así sea con la palabra.
Creo en el deber de formentar la conciencia ciudadana, para que menos personas arrojan basura en la calle o conduzcan ebrios, pues ello podría ocasionarle daño a otros.
Creo en la paz que proporciona la conciencia limpia y no en la viveza criolla que tanto daño le ha hecho a este país.
Creo en el voto, porque más que un derecho es un deber que tenemos como ciudadanos y que nos permite más tarde reclamar con propiedad.
Creo que mientras abusemos de nuestra propia cuota de poder, no tenemos moral para reclamar nada.
No sé. Es lo que pienso. Y si estoy equivocada, entonces pido excusas.
Mirelis Morales Tovar

miércoles, 13 de enero de 2010

Las cosas que me hace reflexionar esta ciudad...

Maldita costumbre

Costumbre: Hábito, modo de hablar, de proceder o conducirse, 

que se adquiere por repetición de unos mismos actos. 

2. Práctica muy usada que adquiere fuerza de precepto.

 3. Lo que por carácter o propensión se hace más comúnmente.

Somos un país costumbrista. Si, pero no porque nos guste preservar nuestras costumbres, sino porque nos acostumbramos a todo. ¿En ese caso debería decir conformistas? Creo que a esta altura da igual.

Nos acostumbramos a que no exista alternabilidad de poder. Tanto, que llevamos 11 años con el mismo carajo.

Nos acostumbramos a que no haya independencia de poderes. Tanto, que vinos como normal que el presidente del CNE se convirtiera en directivo del PSUV y luego en alcalde de Caracas.

Nos acostumbramos a la delincuencia. Tanto, que ante cualquier robo ya decimos: "da gracias que no te paso nada".

Nos acostumbramos a los asaltos en las autopistas. Tanto, que ya manejamos con la cartera en el asiento trasero y con el teléfono escondido.

Nos acostumbramos a las carpetas de Cadivi. Tanto, que ya las librerías te venden el “Combo” de carpetas marrones, separadores, ganchos y afines.

Nos acostumbramos a la escasez. Tanto, que cuando conseguimos servilletas le llevamos un paquete a mamá y guardamos otro por si acaso.

Nos acostumbramos al racionamiento de luz. Tanto, que tenemos velas en cada rincón de la casa y ya sabemos dónde encontrar la linterna en caso de un apagón.

Nos acostumbramos al racionamiento de agua. Tanto, que ya aprendimos a bañarnos en menos de tres minutos. Como no, si con la perolita no nos da para más.

Nos acostumbramos a las infernales colas. Tanto, que el tráfico es quien determina nuestra hora de salida.

Nos acostumbramos a hacer colas para todo. Tanto, que ya vamos preparados con sillas, paraguas y hasta provisiones.

Nos acostumbramos a la restricciones a los medios. Tanto, que ya nadie se acuerda de Rctv ni de CNB.

Nos acostumbramos a las injusticias. Tanto, que pocos recuerdan a Simonovis, Forero, Richard Blanco, Gustavo Azocar.

Nos acostumbramos a la arbitrariedad. Tanto, que impusieron a Jacqueline Farias y nadie se dio cuenta.

Nos acostumbramos a la corrupción. Tanto, que ya sabemos que existen DOS MIL formas de resolver una multa de tránsito.

Nos acostumbramos al mal funcionamiento de los servicios públicos. Tanto, que si nos toca un vagón del Metro sin aire acondicionado, de inmediato sacamos del bolso el abanico que tenemos guardado para esas ocasiones.

Nos acostumbramos a los malos tratos. Tanto, que si nos atienden bien en un local dejamos una buena propina o le llevamos un cafecito a la secretaria por llamarnos “mi amor”.

Nos acostumbramos a ir más de tres veces a una oficina pública. Tanto, que al final terminamos siendo panas del funcionario que nos reboto la carpetita tres veces porque siempre faltaba algo.

Nos acostumbramos a las improvisaciones. Tanto, que nos calamos por más de un año la trocha de La Guaira.

Nos acostumbramos a que nos quiten la identidad. Tanto, que sin darnos cuenta ya hablamos de la estación Miranda, del Parque Nacional Waraira Repano, del Día de la Resistencia Indígena.

Nos acostumbramos a los despojos. Tanto, que poco importó que se adueñarán del Ávila Mágica o del Sambil La Candelaria.

Nos acostumbramos a las marchas y a las huelgas de hambre. Tanto, que es la única estrategia que se le ocurre a la oposición.

Qué daño nos ha hecho esta MALDITA COSTUMBRE...


Mirelis Morales Tovar

Pd: Mi ausencia se debe a que estoy de vacaciones. Pd2: Les debo la foto.


miércoles, 4 de noviembre de 2009

Las cosas que hay que reflexionar en esta ciudad...

País de autoyuda


Creo que tenemos una necesidad imperiosa de aferrarnos a algo o alguien, para no sentir tanto desaliento de vivir en este país. Creo que por eso la gente sintió como suyo el “logro” de la doble corona del Miss Universo. O se enorgullece de más por el éxito de Gustavo Dudamel o, incluso, por los alcances de la Vinotinto. Es quizás la sensación –efímera, por demás- de sentir “coño, no todo es tan malo”. De aferrarnos a algo positivo. Para decir: bueno… vivimos en el país más inseguro de Latinoamérica, pero al menos tenemos dos coronas seguidas del Miss Universo, llegamos al mundial sub20 y tenemos a Gustavo Dudamel. No todo puede ser tan malo.
Y en eso estoy de acuerdo. En Venezuela no todo es tan malo. El asunto es que más allá de buscar en “otros” lo bueno, deberíamos más bien hurgar en nosotros mismos. Pues con frecuencia nos olvidamos que formamos parte de este país y que, ende, también somos parte del problema. Si este país es una “mierda”, es porque nosotros –de una u otra manera- también lo somos. (ojo, no pretendo ofender a nadie).
Sé que es difícil que en este momento de desesperanza, nos revisemos a nosotros mismos. Pero si seguimos echándole la culpa a los demás, seguiremos siendo una cagada de país. Y más que buscar candidatos unitarios, mejor roguemos que llegué un superhéroe para que nos saque de esta “mierda”.

Mirelis Morales Tovar
Nota: Pido excusas por las palabrotas. Pero no consigue otras para expresar lo que siento.

Nota2: Acompañé esta nota con un video de autoyuda que, de pronto, le puede servir a algunos de ustedes. Así como a mí.

viernes, 30 de octubre de 2009

Las cosas que hay que reflexionar en esta ciudad...




¿Sufrimos desesperanza aprendida?


No pretendo caer en autoyuda. Y menos dármelas de psicóloga, porque de eso no sé nada. Sólo quería compartir con ustedes la información que conseguido sobre un término que creo que encaja perfectamente con lo que algunos sentimos en este momento. Me refiero a eso que los expertos llaman: "desesperanza aprendida" y que salió a relucir en un conversación con mi amigo Eugenio Martínez, cuando le comentaba lo desanimada que me sentía por la avalancha de noticias negativas que se lee en los periódicos y que me hace pensar que este país no tiene salida.

Pues bien, leyéndo entendí por qué me hizo mención a ese término. La “desesperanza aprendida”, según escribe Renny Yagosesky en su site http://www.laexcelencia.com/, es un estado de pérdida de la motivación, de la esperanza de alcanzar los sueños, una renuncia a toda posibilidad de que las cosas salgan bien, se resuelvan o mejoren.

La desesperanza -continúa Yagosesky- es considerada un pesar, una enfermedad, una maldición de gran potencia limitante. El filósofo Nietzsche, la consideraba “la enfermedad del alma moderna”. Puede decirse que es un estado en el que se ven debilitados o extinguidos, el amor, la confianza, el entusiasmo, la alegría y la fe. Es una especie de frustración e impotencia, en el que se suele pensar que no es posible por ninguna vía lograr una meta, o remediar alguna situación que se estima negativa. Es una manera de considerarse a la vez: atrapado, agobiado e inerme.

Desesperanza -prosigue- no es ni decepción ni desesperación. La decepción es la percepción de una expectativa defraudada, la desesperación es la pérdida de la paciencia y de la paz, un estado ansioso, angustiante que hace al futuro una posibilidad atemorizante. La desesperanza, por su parte, es la percepción de una imposibilidad de logro, la idea de que no hay nada que hacer, ni ahora, ni nunca, lo que plantea una resignación forzada y el abandono de la ambición y del sueño. Y es justamente ese sentido absolutista, lo que le hace aparecer como un estado perjudicial y nefasto.

Para superar la Desesperanza aprendida, el autor asegura que es necesario:
*Comprender que se trata de una percepción y no de una realidad.
*Asumir que todo pasa y que cada día es nuevo, y está lleno de posibilidades y potencialidades.
*Buscar formas creativas de abordar la situación valorada como amenaza.
*Apoyarse en personas que tengan otros recursos que usted no posea.
Reevaluar o reconceptualizar la situación en busca de ángulos positivos.
*Aceptar, adaptarse y esperar un mejor momento para actuar, si considera que realmente nada puede cambiarse aquí y ahora.
*Centrarse en los recursos, dones y talentos, en vez de enfocarse en el problema o en sus posibles consecuencias negativas.
*Buscar en su experiencia conductas que le hayan servido para superar situaciones similares.
*Segmentar la acción. No se enrede. Defina una estrategia y dé un paso a la vez para salir del atolladero.

Lo más importante aquí, recomienda Yagosesky , es que comprenda que la gran mayoría de las veces, salvo en casos extremos de catástrofes naturales o eventos críticos inesperados, lo que vemos como “problema” es en realidad una idea mental que se genera cuando evaluamos una situación en razón de nuestras posibilidades de resolverlo. No es algo que está allá. No es algo que está allá “afuera”, y sobre lo cual no tenemos influencia alguna. Reflexione sobre esto, tome precauciones y viva lo mejor que le sea posible.

Texto tomado de http://www.excelencia.com/

Ilustración Rayma. Tomado de El Universal


jueves, 10 de septiembre de 2009

Las cosas que hay que ver en el Metro...

Teoría
El Metro de Caracas actualmente está dejando de percibir cerca de BsF 600 mil mensuales por la comercialización de los afiches internos y la rotulación de los vagones, toda vez que se decidió no renovarle el contrato a la empresa DLB Group que estaba a cargo de negociar los espacios con más de 40 clientes.
La directiva optó por rescindir el contrato con la única empresa que manejaba la publicidad porque el entonces presidente de Cametro, Claudio Farías –el mismo que dijo que eliminaría estaciones de la Línea 5 porque beneficiarían a la oligarquía-, consideró que se trataba de un monopolio.
Ahora, supuestamente 60% de los espacios debe estar destinado a las instituciones del Estado y 40% al área comercial, pero con la salvedad de que las cuñas deben tener valores que mejoren al ser humano, según lo reseñó Últimas Noticias el 4 de junio de 2009.
Práctica
Los espacios publicitarios del Metro quedaron para vender las ideas socialistas de un gobierno que quiere hacerse ver como incluyente y socialmente responsable. Así como para vanagloriar la imagen de Chávez, con mensajes tan grotescos como “Chávez más que amor, frenesí”.
Pero ahora también se prestan para que la gente exprese su odio –de ambos bandos- y con ello hagan que el viaje en subterráneo sea aún más agobiante. Juro que, hoy más que nunca, extraño los anuncios de "El Conde er Guacharo" promocionando la lavadora Condesa o los de mantequilla Nelly y hasta los de las toallas sanitarias “La Mía”, que me parecía tan marginal.
Mirelis Morales Tovar