martes, 17 de abril de 2012

Las cosas que me gustan de esta ciudad...



Un post dedicado a Arnaldo Espinoza @naldoxx 
quien me regañó por lo abandonado que tenía el blog.
Gracias.-

El placer de leer la ciudad 

Ya se acerca la fecha. Si. Estamos a tan sólo días del Festival de la Lectura Chacao. Y no sé a ustedes, pero yo soy de la paso todo el año esperando a que llegue ese momento. Cual si fuera Navidad o Fin de año, pues. 

Ese Festival tiene un no sé qué… pero definitivamente es una de las actividades que más disfruto en esta ciudad. No sé si es porque soy una enamorada de la Plaza Altamira. Debe ser. Pues nada me mata más que ver este espacio público en todo su esplendor durante una semana. El Obelisco iluminado. El espejo de agua cubierto con pétalos de rosas. Los jardines repletos de gente… Y todo eso por una sola excusa: la lectura. ¿Es o no es maravilloso?... 

La Feria de la Lectura Chacao reconcilia a más de uno con la ciudad. Y no exagero. Es la oportunidad de encontrarse con el otro. De estar a sus anchas en un espacio público. De disfrutar de la literatura, de la música, de buenos conversatorios. De un café al pie del Obelisco. ¿Qué más se puede pedir? 

Las dos veces que he ido salgo escuchando las mismas las frases: "a esta ciudad le hacen falta espacios como éste", "ojalá que durara todo el año", "una semana es muy poquita". O cosas por el estilo. Y es verdad. Pero esta vez cuando termine el Festival no nos quedará ese mal sabor de no tener más opciones en esta ciudad. Todo lo contrario. Venimos de un Festival Internacional de Teatro. Vamos ahora a disfrutar el Festival de la Lectura Chacao y el mes que viene tendremos la alegría del Paseo Los Palos Grandes.



Eso sin contar que Libertador nos permitió disfrutar del Filven –con sus temas políticos o sin ellos- Baruta hará lo propio con su Festival de las Artes y La Lectura, al tiempo que Sucre también decidió sumarse a esta onda con su Feria del Libro. ¿El Hatillo? Bueno… esa es otra historia. 

Así que vamos preparándonos para esta cuarta edición del Festival de la Lectura Chacao, que viene con el lema Leer Ciudades. Durante 10 días –desde el 27 de abril al 10 de mayo- escritores, investigadores y cronistas venezolanos ofrecerán distintas formas de recorrer Caracas: ya sea a través de la literatura, el multimedia, la fotografía, la arquitectura, la movilidad. 

Cada quien hablará sobre la ciudad como musa inspiradora de miles de historias para escribir y leer. Un tema fascinante, por demás. Pues cada vez somos más en estos menesteres de descifrar la ciudad, de desnudarla ante los ojos de quienes la ignoran, de enamorar a los escépticos y de presentar sus dos caras para verla con objetividad. Y entonces qué… ¿nos vemos en la Plaza? 

Mirelis Morales Tovar 
@mi_mo_to 
Foto: Últimas Noticias

miércoles, 11 de abril de 2012

Las cosas que otros hacen por esta ciudad...

viernes, 23 de marzo de 2012

Las cosas que descubro en esta ciudad...




El encanto de las Cuevas del Indio 
Siempre pensé que para ir a Las Cuevas del Indio había que ser escalador. O algo así como Dora La Exploradora. Y no exagero... Sé que alguien que se haya dado una asomadita por este parque ubicado en La Guairita podrá darme la razón. Ese poco de deportistas extremos llevando a cuestas sus cuerdas para emprender “rutas” o “trayectos” lo intimidaban a uno, un simple mortal que de broma sube las escaleras. 
Así que debo confesar que nunca me tome la molestia de ir a averiguar qué se podía hacer en Las Cuevas del Indio. Aparte de escalar, por supuesto. Pero en esta onda de la crisis de los 30 (aunque debería decir 33) en que me encuentro y que me ha impulsado a vivir experiencias extremas (como saltar en paracaídas, hacer canopy y afines) decidí darle una nueva oportunidad este espacio. Sin que con ello pretendiera retar a los escaladores. Nada más lejos de la verdad. 
Entramos a una de las cuevas. O creímos haberlo hecho. ¿Cómo así? Les explico. Luego de estar unos 20 minutos dentro de un hoyo negro y de salir con aires de “Dora la Exploradora”, el guardaparques nos miró con la ropa tan limpia como entramos y nos preguntó: “¿ustedes de verdad entraron a la cueva?”. A lo que @mi_mo_to respondió: Caramba, pues si, no ve. Y su comentario no pudo ser mejor: “Salieron muy limpios. Ustedes no entraron en la cueva? Ja! 
¿ Y ahora qué hacemos? Pues nada, eso era un reto. Así que decidimos seguir las recomendaciones del guardaparques e iniciamos el verdadero recorrido por la cueva. Entramos por unos espacios tan increíblemente pequeños que jamás hubiese pensado que ser humano alguno pudiese pasar por allí. Vimos formaciones maravillosas. Nos asustamos con el ruido de los murciélagos. Nos molestamos al ver los graffitis de gente ociosa sobre las rocas. Nos raspamos las rodillas y codos tratando de pasar por los pasadizos que sugerían. Nos reímos de cuán viejos estábamos para ese plan. 
Al final, salimos como el propio comercial de detergente. Sucios desde la cabeza hasta los pies. ¿El guardaparques? Pues satisfecho de su labor cumplida. Había logrado que cuatro personas conocieran un espacio un tanto menospreciado por los caraqueños y que salieran con ganas de volver. 
¿Por cierto, cuándo vamos otra vez? 


Mirelis Morales Tovar
@mi_mo_to

domingo, 11 de marzo de 2012

Las cosas que descubro en esta ciudad...


Al  Jardín del Museo
Es como estar en otro lugar. O en otra ciudad, si podemos ir más lejos.
¿Tanto así? Si. De verdad, no parece que estuvieras en Bellas Artes. Y menos en Caracas.
No lo digo por menospreciar nuestra ciudad. Nada de eso. Pero basta sentarse en El Jardín del Museo de Ciencias (o lo que también se le conoce como Eje del Buen Vivir) para trasladarte o salirte de contexto.
Esos cafés rodeados de bambúes, que se instalaron al lado del imponente Museo de Ciencias, se han convertido en un regalo para esta ciudad. ¿Por qué? Bueno, porque de alguna manera están ayudando a integrar a los museos en nuestra actividad nocturna. Y ese simple hecho me parece genial.
He ido en varias oportunidades. La primera vez que fui eran las 8 de la noche. Si, las 8. Y me llevé la sorpresa de encontrarme a Goyo Reyna dando un concierto íntimo. Casi muero. Éramos como 15 personas. Y cantó un poco más de una hora sólo para nosotros. Eso, en medio de un ambiente que me enamoró: el museo, los bambúes, las esculturas, la noche…
Por supuesto que quedé tan pegada, que averigüé la programación y me lancé el sábado siguiente a escuchar a Biella Da Costa. Lo mismo. Un concierto íntimo. Pero ésta vez acompañé mi velada con una caipiriña para entrar en ambiente. Y así, sentada en el piso de lo más informal, disfruté de mi concierto.
Esta semana, a propósito de la Feria Internacional del Libro, ofrecerán presentaciones todas las noches a partir de las 8pm. Así que los invito a que se acerquen a descubrir este Jardín. ¿Qué si es seguro? Al menos, da la impresión. Hay personal de seguridad por las instalaciones y si estacionas en el Teresa Carreño, se encuentra un acceso directo sin tener que salir a la calle.
Tienen opciones para comer y beber con precios bien solidarios. Así que, por ese lado, también vale la pena darse una vuelta. Y entonces qué... ¿nos vemos en El Jardín?

Mirelis Morales Tovar
@mi_mo_to
Foto: El Universal.com

P.D. A través de la cuenta @tuzonacaracas, pueden revisar la programación musical con la etiqueta #Filven2012.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Las cosas que disfruto de esta ciudad...


El Ávila desde el aire
Esto es lo que deben llamar la crisis de los 30. Digo, eso de querer ponerse en riesgo y de experimentar todo. Si es así, ¿qué puedo decir? … Bienvenida sea!
Lo cierto es que a partir de ese ímpetu de querer hacer lo que olvidé a los 20, me fui a hacer canopi a los Senderos Aéreos de El Ávila. Ya me lo habían recomendado. Había visto fotos y leído buenos comentarios de la experiencia. El asunto es que entre una cosa y otra lo había dejado pasar. Pero Carnavales se convirtió en la excusa perfecta para sacarme la espinita y poder decir  finalmente “lo hice”. 
El asunto es así. Te llegas temprano hasta Los Venados en los jeeps que tomas en Cotiza. Y allí preguntas por los Senderos Aéreos. Un equipo te recibe y te da las instrucciones.Te ponen todo el aparataje, casco, guantes y demás. En ese momento entiendes que la cosa va en serio. Un guía te hace el recorrido con la idea de sembrar un poco de conciencia ecológica. Luego, arranca lo bueno…



Subes a la plataforma y atraviesas el puente colgante. Nada recomendable para quienes sufren de miedo a las alturas. Pero una vez allí no hay vuelta atrás. Los instructores se ríen de los comentarios de pánico que uno hace y tratan de trasmitirte tranquilidad. Pero no lo logran jeje El miedo está allí y aflora cuando se mira hacia abajo. Ayy Cristo!
El susto desaparece cuando hay que hacer canopi o lanzarse por una tirolina. Lo que en criollo quiere decir deslizarse por un cable de un árbol a otro. En este caso, están dispuestas una de 40 metros y otra de 120 metros de largo. Sólo experimenté la primera, porque la más larga estaba en mantenimiento. Así que no me imagino cuánto hubiese gritado en esa.
El recorrido termina con una caída en rapel, que los más arriesgados deciden hacer de cabeza. No fue mi caso, claro. Allá otros jeje Ya mucho susto para un mismo día. Pero como bien dicen por allí, sarna con gusto no pica
En resumen, puedo decirles que es una experiencia increíble. En medio de un paisaje incomparable. La vista de Caracas es única. Y la atención del personal es realmente esmerada. Así que no esperen que la crisis de los 30 les llegue. Allí se los dejo.

Más información: http://www.facebook.com/pages/canopia/70509439678
Costo: 100BsF p/p
Transporte: 16BsF ida y vuelta


Mirelis Morales Tovar
@mi_mo_to
Fotos: Caque Armas/ Isabel Urosa

miércoles, 15 de febrero de 2012

Las cosas que otros hacen por esta ciudad...



Caracas se prepara para subir el telón

Debo confesar algo. NUNCA he ido al Festival Internacional de Teatro de Caracas. No tengo perdón de Dios. Lo sé. Pero para ese entonces cuando la ciudad entera se volcaba a las calles para ver las presentaciones teatrales más importantes del mundo, yo estaba muy pequeña. Bueno... tanto como pequeña, no. Pero sí lo suficientemente jojota o inmadura como para no darme cuenta de la relevancia que significaba ese evento.
Lo cierto es que a causa de ese desinterés absurdo he pasado mis 32 años de vida escuchando a la gente hablar maravillas del fulano Festival de Teatro y yo sin poder decir ni “ñe”. Mi esposo llegó a dormir en el Teatro Teresa Carreño para poder comprar las entradas durante la preventa que se hacia para los estudiantes. Por Dios!! Y me cuenta que durante esos días de fiesta –porque no tiene otro nombre- las conversaciones sugerían que los caraqueños estaban dando vueltas por el mundo, pues cuando te conseguías a alguien en la calle le preguntas: "De dónde vienes?", “De España”, te respondía. “Y tú”. “De Alemania”, contestabas.
Y eso no es todo. Me dice que en las noches, el Café Rajatabla (si, tampoco lo conocí :S) se convertía en el lugar de encuentro para cerrar las jornadas y recordar a su creador Carlos Jiménez. Es obvio entonces que el paréntesis de seis años que Caracas pasó sin su festival y el temor de que no volviera a revivirlo tenía a muchos caraqueños como “enguayabados”.
Por eso, saber que el 29 de marzo subirá nuevamente el telón de este gran evento tiene a más de uno enloquecido de felicidad. (Mi esposo incluido). Caracas vuelve a ser escenario de un festival que fuese el quinto más importante del mundo, según palabras de su organizadora Carmen Ramia. Claro, no tendrá las mismas dimensiones de la época de oro. Pero no importa. 60 funciones estarán dispuestas para que el público caraqueño disfrute de lo mejor del teatro del mundo y será la excusa perfecta para homenajear al gran José Ignacio Cabrujas.
Aparte, será una oportunidad para que los caraqueños que –como yo- quedamos rezagados de ese fenómeno tengamos una idea de lo que fue y contribuyamos a rescatarlo para que vuelva a ser la gran fiesta teatral de Caracas. Mucha mierda (ojo, así se dice) para el equipo que asumió este reto.  Y que comience la función!!


Mirelis Morales Tovar
@mi_mo_to
Afiche diseñado por Manuel González Ruiz


lunes, 6 de febrero de 2012

Las cosas que uno inventa en esta ciudad...


La ciudad desde el aire
¿Loca? Un poco, quizás. Pero había que hacerlo. Si, lanzarse en paracaídas es de esas cosas que hay que hacer antes de morir. Más que una experiencia extrema, supone un reto personal para dominar el miedo, para ponerse a prueba uno mismo y para experimentar esa sensación de volar, aunque suene trillado decirlo.
Pero aparte resulta ser una experiencia de ciudad maravillosa. Yo siempre con ese cuento, lo sé.  No lo puedo ver de otra manera. Estar a 8 mil pies de altura (o el equivalente a 4 kilómetros) y ver desde allí parte de la localidad de Higuerote reconforta el alma. Para quienes no somos ateos, resulta inevitable conectarse con Dios y su creación. ¡Qué perfecta la naturaleza¡
¿Si sentí miedo? Inexplicablemente no. Y suena extraño viniendo de alguien que no suele montarse más de dos veces en una montaña rusa porque se marea. Pero los chicos de Skydive te transmiten mucha seguridad. Sólo un poco de susto antes de dar el salto y listo. Allá vamos!!!!
Waooo. Saltas del avión, das una voltereta en el aire y, luego de estabilizarnos, se inicia el minuto en caída libre. Les juro que tuve esa sensación horrible de vacío. Más bien sientes que flotas. Maravillosamente. Y por unos segundos te conjugas con las nubes, el viento, el paisaje, la nada… No hay miedo. Ni conciencia que te conecte con la muerte. Sólo la convicción de que será algo único en tu vida.
Y tú. ¿Cuándo te lanzas? :D

Mirelis Morales Tovar
Fotos: Skydive Venezuela